Aunque en internet pueda aparecer presentado como un juego, una prueba entre pares o una manera de conseguir reconocimiento, no se trata de una conducta inocua. Una ausencia prolongada puede generar una situación de riesgo y desencadenar una verdadera emergencia para la familia y para los organismos encargados de intervenir ante una desaparición.
La reaparición de este tipo de contenidos también plantea una preocupación para los adultos: cómo acompañar a niñas, niños y adolescentes frente a los desafíos que circulan en internet sin generar miedo ni cerrar los canales de comunicación.
Desde organizaciones especializadas en la prevención del grooming y los riesgos digitales remarcan que una de las herramientas es la conversación en familia. Hablar sobre los desafíos que aparecen en las plataformas, sin reproducirlos ni explicar cómo llevarlos adelante, permite construir un espacio de confianza para que los adolescentes puedan contar si recibieron algún tipo de presión.
Los especialistas también advierten que prohibir determinadas plataformas no necesariamente resuelve el problema. Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes y, por ese motivo, la prevención requiere también acompañamiento, educación digital y escucha activa.
Otro punto fundamental es evitar el juicio inmediato. Si un adolescente protagoniza una conducta de riesgo, retarlo o culparlo puede provocar que se cierre y deje de pedir ayuda. En cambio, escuchar qué ocurrió, validar sus emociones y acompañarlo sin juzgar puede facilitar que cuente lo sucedido y permitir que los adultos actúen a tiempo.
También es importante prestar atención a cambios repentinos en el comportamiento. El aislamiento, la angustia, modificaciones en los hábitos cotidianos o cambios bruscos en los vínculos familiares pueden ser señales que merecen atención, especialmente cuando aparecen acompañados de conflictos o experiencias relacionadas con el mundo digital.
El psicólogo Sebastián Núñez habló sobre situaciones en las que adolescentes se ausentan de sus hogares o incluso simulan desapariciones en busca de reconocimiento o viralización. El especialista remarcó que estas conductas no deben minimizarse, ya que pueden funcionar como una señal de que existe algún conflicto o malestar a nivel familiar, individual o escolar.
Por otra parte, ante una ausencia real, las organizaciones de prevención recomiendan no difundir búsquedas o información sin verificar. Compartir fotografías, nombres, datos personales o posibles ubicaciones en redes puede generar una exposición innecesaria y dificultar una intervención adecuada.
Si un adolescente no regresa a su hogar y se desconoce dónde está, la situación debe ser tomada con seriedad y se debe recurrir inmediatamente a los canales oficiales y a las autoridades correspondientes, sin esperar a que transcurra un determinado número de horas.






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